ROSA: “QUIERO MATARME, NO QUIERO VIVIR ASÍ”

Rosa Villada es una abuela de Carlos Paz que actualmente vive en barrio Colinas, específicamente en “Estancia Vieja El Pantanillo” popularmente conocido como ” La boca del Lobo”, un predio ubicado a pocas cuadras del dispensario municipal dónde habitan varias familias. Una de las zonas más invisibilizadas y postergadas de nuestra ciudad.

Rosa recibiendonos

Vivir abandonada

La abuela, pasa sus días envuelta entre algunos palos atados con “la ayuda de dios” –nos cuenta– y alambre, envueltos en lona negra, (desgarrada en toda su superficie, con agujeros del tamaño de una persona) que, al correr una cortina que simula una puerta, hace de ingreso al hogar y a la misma vez de “baño” que no es más que dos tarros de pintura llenos de agua dispuestos en un rincón que utiliza para asearse.

Peligrosas conexiones eléctricas

El agua y la luz están precariamente instalados siendo una zapatilla que cuelga del techo el tablero eléctrico que distribuje la energía. Las conexiones que posee están expuestas y dispuestas sobre material inflamable que vuelve peligroso vivir dentro. Rosa nos cuenta:

“Vivo solita, nunca pude tener hijos porque tengo matriz infantil así que no tengo quién me ayude. Estamos abandonados. Con el Covid tenés que tener alcohol y vale muy mucho, no se puede comprar. En este barrio no hay luz, no hay agua. Así estamos luchando y peleando para sobrevivir, en la tierra. Estamos olvidados acá, somos tierra de nadie. Estoy pasando necesidades de hambre y la doctora dice que me alimente pero ¡con que me voy a alimentar! –se pregunta mientras las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos– Aveces te juro me dan ganas de matarme por todo esto que me pasa, yo no quiero vivir así. Por ahí, me pongo a pensar: Puede ser que me muera en cualquier momento pero no es así. Yo quiero vivir como todo humano, tranquilo.

Dos tarros de pintura cargados de agua hacen de baño.

Esta es la primera imagen que arrojaba el corto pero intenso recorrido que con mucha amabilidad nos invitó a dar dentro de lo que hizo su hogar.

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Enfermedad

En una heladera, dentro de la misma “habitación”, Rosa, guarda la insulina inyectable que necesita. Es que, aparte de la numerosa cantidad de afecciones que sufre como mal de chagas, hipertensión, problemas de hígado, una aguda pérdida de la visión, problemas de corazón, también es diabética y padece fuertes mareos razón por la que,nos cuenta, los médicos le prohibieron salir a vender sus pastelitos.

“Estoy enferma de todo. Tengo chagas, soy diabética insulino dependiente, soy hipertensa, me están por operar del corazón, creo que me van a hacer diálisis porque los riñones están jodidos por la diabetes así que no se para que quiero vivir en la forma en la que vivo.”

Rosa nos enseña los medicamentos para la diabetes.

“El PROFE (Incluir salud) no me manda los remedios del corazón hace tres meses. Me descuentan dos mil y pico de pesos y no me mandan los remedios. El sueldo que cobro por discapacidad lo recibo todos los meses. Me han prohibido el trabajo. Yo era pastelera, la reyna de los pastelitos, eh vivido de eso toda mi vida pero me prohibieron la venta porque me agarran picos de diabetes, me desmayo y me caigo. Con el corazón peor, no me dejan hacer nada, el médico me dijo que me olvide de las ventas porque caigo, me lastimo y por la diabetes me cuesta sanar pero gasto lo que cobro en remedios y no me queda para comer.”

Carnets de discapacidad.

En busca de ayuda

“Acá, no puedo respirar. No tengo una ventana, el aire no me entra por ningún lado. No tengo familia, no tengo a nadie, estoy sola y no quiero molestar a nadie, me tengo que quedar acá.”

“No se que hacer, ya fui a la municipalidad a buscar ayuda, a la asistente social, a todos lados, esta mañana fui a pedir y me dijeron que lleve el carnet (discapacidad) pero dicen que por el Covid no pueden hacer nada, así que me vine cabizbaja como siempre. Estoy cansada de lucharle a la vida. Me dan ganas de ahorcarme pero si ni los palos aguantan –nos dice mientras señala los palos que sostienen en techo– están todos quebrados y atados con alambre.

Le preguntamos a Rosa como cree que quiénes conozcan su situación podrían ayudarla y nos contesta:

“Como puedan, como dios me ayude. No se que hacer de mi vida y con cualquier cosita que me ayuden para mi es mucho.

Rosa busca rápidamente en su mente, entre sus prioridades y deseos y nos comenta: “Lo que quiero tener es un baño digno.”

Sola

La abuela pasó sola navidad y probablemente pasé sola también todas las próximas festividades. Probablemente pase sola todos los demás días de su vida. Parece haber sido cubierta por un manto de invisibilidad que mágicamente la hace desaparecer a la vista de todos. Lo que parece no desaparecer es el hambre, el frío, el calor y el abandono que también sola tiene que sufrir a diario, envuelta entre palos y bolsas, en una ciudad que envuelve en un manto invisible todo lo que no puede soportar, lo que no quiere ver, pero que lejos de desaparecer, continúan ahí, abandonadas, solas, sufriendo la indiferencia que se le regala a sus pedidos de ayuda, que es la peor injusticia a la que un ser humano es arrastrado a sufrir.

Rosa no sabe leer ni escribir pero nos permitió dejar su número de celular para que puedan llamarla.

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